Blog · · 6min de lectura

Reservas online frente a teléfono: cuántas llamadas ahorra a un salón pequeño

Una cuenta con números pequeños: cuántas llamadas al día son para pedir cita, cuánto tiempo se llevan, cuántas se pierden con las manos ocupadas, y qué parte de los clientes va a seguir llamando de todas formas.

Reservas online frente a teléfono: cuántas llamadas ahorra a un salón pequeño

En un salón pequeño el teléfono no lo coge una recepcionista. Lo coge quien tiene las manos libres, que muchas veces es nadie. Suena mientras aplicas el color, mientras cobras, mientras hablas con la clienta del sillón. Y cada llamada, aunque dure dos minutos, son dos minutos de parar, secarse las manos, apuntar y volver.

La pregunta que se hace cualquiera antes de poner una página de reservas es cuánto de eso se ahorra de verdad. No “mucho”: cuánto. Vamos a hacer la cuenta con un salón inventado pero verosímil, y luego a ver qué parte del teléfono no desaparece.

El salón de la cuenta

Pongamos un salón con dos profesionales, abierto 8 horas al día, 24 días al mes. Unas 20 citas al día, ticket medio de 25 €. Y pongamos que recibe 25 llamadas al día relacionadas con citas: pedir hora, cambiarla, cancelarla, preguntar si hay algo el sábado, confirmar a qué hora era.

Son cifras de ejemplo. Si tienes un salón, sustitúyelas por las tuyas: el ejercicio es más útil con tus números que con los nuestros. Un día contando llamadas con una raya en un papel te da el dato real.

Cuánto tiempo son esas llamadas

Una llamada para pedir cita no dura un minuto. Dura lo que tarda el cliente en decir qué quiere, tú en mirar la agenda, ofrecer dos opciones, que no le cuadren, ofrecer otras dos, apuntar el nombre y el teléfono, y repetir la hora para que la apunte él. Pongamos 2 minutos de media, contando las cortas de “¿a qué hora era?” y las largas de “¿y el viernes por la tarde?”.

25 llamadas por 2 minutos son 50 minutos al día. Al mes, 20 horas. Es media semana de trabajo de una persona dedicada solo a coger el teléfono. En un salón donde ese tiempo lo pone la misma persona que corta, no son 20 horas de recepcionista: son 20 horas de peluquera interrumpida.

Y la interrupción cuesta más que los dos minutos. Parar un trabajo y retomarlo tiene un precio en atención que no sale en la cuenta, pero se nota en el resultado y en la clienta que espera con el tinte puesto.

Las llamadas que no se cogen

Este es el número que casi nadie calcula, y es el que más pesa.

Con las manos ocupadas, una parte de las llamadas no se contesta. Pongamos una de cada cuatro: 6 al día. De esas, algunas vuelven a llamar más tarde. Otras no: prueban en el salón de la calle de al lado, o lo dejan para otro día y ese otro día no llega. Pongamos que 2 de las 6 llamadas perdidas al día eran citas que se han ido a otro sitio.

2 citas por 25 € por 24 días son 1.200 € al mes que no entran, no por falta de clientes, sino porque nadie pudo coger el teléfono en ese momento. Aunque la estimación se quede en la mitad, son 600 €.

Este es el argumento real para una página de reservas. No es el tiempo que ahorra: es que el cliente que quiere reservar a las nueve de la noche, o mientras tú tienes las manos en el agua, puede hacerlo.

Qué parte de las llamadas se va a la página

No todas, ni de lejos. Con la página bien puesta (enlace en la ficha de Google, en Instagram, código QR en el mostrador y en la puerta), una parte grande de las reservas de los clientes que repiten acaba pasando por ella en unos meses. Pongamos que a los seis meses el 60 % de las citas se reservan online.

Con el salón de la cuenta: 25 llamadas al día bajan a unas 10. Son 30 minutos al día recuperados, 12 horas al mes. Las llamadas perdidas bajan en la misma proporción, y las que se pierden pesan menos, porque el cliente al que no le coges el teléfono tiene otra puerta: el enlace que ya conoce.

Hay una parte que no sale en las llamadas: las reservas que antes no existían. Las que se hacen cuando el salón está cerrado. Pongamos que una de cada cinco reservas online entra fuera del horario de apertura, por la noche o el domingo. Son citas que por teléfono ni se habrían intentado.

Los que van a seguir llamando

Aquí conviene ser honesto, porque el error habitual no es poner la página, sino pensar que el teléfono desaparece.

Van a seguir llamando:

  • Los clientes de toda la vida. Llevan quince años llamando y tú llevas quince años cogiéndoles el teléfono. No hay página que cambie eso, ni hace falta.
  • Los que no saben qué pedir. “Quiero hacerme algo en el color pero no sé qué.” Esa llamada es una consulta, no una reserva, y es valiosa. La página no la sustituye.
  • Los que quieren hoy. Una parte de quien llama para hoy mismo prefiere oír “sí, ven a las cinco” a mirar una pantalla. En una barbería con mucho cliente sin cita, esto es media agenda.
  • Los que reservan para otros. La madre que pide hora para tres hijos, quien reserva para su pareja.

Con el tiempo ese grupo se reduce, sobre todo porque los clientes que empiezan a reservar online descubren que pueden hacerlo a las once de la noche y no vuelven a llamar. Pero una parte se queda, y es mejor tenerla contada: pongamos entre un cuarto y un tercio de las reservas, según el tipo de salón y la edad de la clientela.

La cuenta completa

Volviendo al salón del ejemplo, a los seis meses:

  • 12 horas al mes menos de teléfono para quien también corta.
  • Entre 600 y 1.200 € al mes menos en citas perdidas por no coger.
  • Unas 10 llamadas al día que siguen, y que ahora se cogen mejor porque son menos.

Contra eso, el coste de la página. El plan gratuito de Calendace da 20 reservas al mes sin tarjeta, suficiente para probar; el plan Estándar son 12,99 € al mes (9,99 € pagando al año), con 600 reservas al mes y sin comisión por cita. Los detalles están en precios.

Lo que no hace la página, y conviene saberlo: no trae clientes nuevos. Calendace no es un marketplace. El cliente te sigue encontrando en Google, en Instagram o por tu QR; lo que cambia es que cuando te encuentra, reserva sin llamar, y tú te enteras sin parar.

Cómo empezar sin cambiar nada más

No quites el teléfono. Pon el enlace de reservas en la ficha de Google, en la bio de Instagram y en un QR en el mostrador, y a quien llame y reserve por teléfono mándale la confirmación con una línea más: “la próxima vez puedes reservar aquí”. Una parte de la clientela se pasa sola. La otra sigue llamando, y tú sigues cogiéndole el teléfono, solo que con la mitad de interrupciones.

Equipo de Calendace · DE EN FR IT PT

Sigue leyendo

Volver al blog

Pruébalo con tus propios servicios y horarios

Cuenta gratis con 30 días de plan Premium. Sin tarjeta y sin permanencia.