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Cómo reducir las cancelaciones de última hora con una lista de espera

Una cancelación a las once para las doce no se rellena llamando. Qué hace una lista de espera bien montada, qué reglas necesita y cuánto dinero recupera un salón pequeño.

Cómo reducir las cancelaciones de última hora con una lista de espera

Si tienes un salón con la agenda llena, ya sabes cuál es el momento que más duele: son las once, te escriben por WhatsApp que no pueden venir a las doce, y ese hueco se queda en blanco. No es la cancelación en sí. Es que a las once ya es tarde para conseguir a otra persona, y que probablemente esa misma mañana le dijiste a dos o tres clientes que no tenías nada hasta la semana que viene.

Ese es el problema exacto que resuelve una lista de espera. No evita que la gente cancele, porque eso no lo evita nadie. Lo que hace es que el hueco no se pierda.

Cuánto cuesta un hueco vacío

Hagamos la cuenta con números pequeños. Un salón con tres profesionales, servicio medio de 25 €, y dos cancelaciones de última hora al día. Son 50 € al día que no entran. En un mes de 24 días laborables, 1.200 €. Al año, más de 14.000 €.

No todos esos huecos se pueden recuperar, claro. Pero una parte sí, y es una parte que ahora mismo vale cero. Con que la lista de espera cubra uno de cada tres huecos, el mismo salón recupera 400 € al mes sin cambiar nada más: ni precios, ni horarios, ni equipo.

Lo que no funciona: la lista en el cuaderno

Casi todos los salones tienen ya una lista de espera. Está en un cuaderno al lado del teléfono, en la cabeza de quien atiende el mostrador o en una nota del móvil. Y funciona hasta que hay que usarla.

Cuando se libera un hueco, alguien tiene que parar lo que está haciendo, buscar la lista, llamar al primero, esperar a que conteste, llamar al segundo porque el primero no puede a esa hora, y todo esto con un cliente esperando en el sillón. En la práctica, se llama a una persona, dos como mucho, y si no cuadra, el hueco se queda vacío igual.

El problema no es la lista. Es que la persona que tiene que gestionarla es la misma que está cortando el pelo.

Lo que sí funciona: que el aviso salga solo

Una lista de espera bien montada tiene tres partes, y ninguna de las tres pasa por el teléfono del salón.

El cliente se apunta solo. Cuando entra en tu página de reservas y no hay hueco para el día que quiere, en vez de un “no hay disponibilidad” y adiós, le aparece la opción de apuntarse a la lista para ese día. Elige el servicio, si prefiere mañana o tarde y, si quiere, con quién. Deja su teléfono y su email, y ya está. Sin llamar, sin esperar a que le atiendas.

El aviso sale en cuanto se libera el hueco. Da igual que cancele el cliente desde su recordatorio o que lo hagas tú desde la agenda porque te han llamado. En el momento en que el hueco queda libre, el sistema mira quién lo estaba esperando y le manda el aviso: por WhatsApp, por SMS, por email o como notificación en el móvil. El aviso lleva un enlace directo para reservar ese hueco concreto, no un “llámanos”.

El primero que reserva se lo queda. Y sale de la lista automáticamente. Los demás siguen esperando el siguiente hueco. Nadie tiene que borrar a nadie ni acordarse de quién ya vino.

Las reglas que evitan que la lista moleste

Aquí está la diferencia entre una lista de espera que funciona y una que hace que tus clientes silencien tus mensajes. Si cada vez que se libera un hueco avisas a las veinte personas de la lista, diecinueve de ellas reciben un mensaje para algo que ya no está disponible cuando lo abren. La segunda vez que les pasa, dejan de mirar.

Por eso la lista de espera de Calendace avisa por tandas. El aviso llega a las tres primeras personas que se apuntaron, por orden. Si en 30 minutos ninguna ha reservado, pasa a las tres siguientes. Y así hasta que el hueco se cubre o se acaba la lista. Es más lento que avisar a todos a la vez, pero es lo que hace que un aviso de hueco libre siga significando algo.

Hay dos reglas más que importan:

  • Solo si el hueco encaja. Quien pidió turno de tarde no recibe un aviso de las diez de la mañana. Quien pidió a una profesional concreta no recibe el hueco de otra. Y el hueco solo se ofrece si de verdad cabe el servicio en el horario de quien lo atiende.
  • Quien ya tiene cita sale de la lista. Da igual si consiguió la cita desde el aviso, desde tu página o porque te llamó y se la diste tú. Si tiene cita para ese servicio, deja de recibir avisos. Nadie recibe un mensaje para algo que ya tiene.

Qué canal usar para el aviso

Depende de lo que tengas activado y de lo que te cueste. Los avisos por email y los que llegan como notificación en el móvil no cuestan nada. WhatsApp y SMS consumen créditos, pero llegan aunque el cliente no tenga tu página instalada. Una combinación razonable: notificación y email para todos, y WhatsApp o SMS solo si quieres asegurarte de que el aviso se vea al momento. Hablamos de las diferencias entre WhatsApp y SMS para recordatorios en otro artículo.

Si el cliente tiene tu página de reservas instalada en el móvil, el aviso le llega como cualquier notificación de una app. Sin coste y sin depender de que abra el email. Es una de las razones para que tus clientes se instalen tu página como una app.

Cómo empezar

Si ya usas Calendace en el plan Estándar o Premium, la lista de espera está en Ajustes: es un interruptor. Actívalo y tu página de reservas empieza a ofrecerla cuando no hay hueco. En Notificaciones eliges por qué canales sale el aviso. En el panel ves quién está esperando, por si alguien te pide por teléfono que le quites.

Si todavía no la usas, la forma más rápida de saber si te compensa es mirar tu agenda de la semana pasada, contar los huecos que se cancelaron con menos de un día de antelación y multiplicar por el precio medio de tus servicios. Ese número, cada semana, es lo que ahora mismo se queda en la mesa.

Equipo de Calendace · DE EN FR IT PT

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